El arte es uno de los más grandes espejos sociales, una de las formas más libres y claras de reivindicación. Sin duda alguna, es una ventana abierta que te permite viajar desde la opresión a la libertad. Estos indicios son registrados desde tiempos prehistóricos hasta la actualidad. En concreto, nosotros nos vamos a ceñir al ámbito cinematográfico que abarca aproximadamente desde finales desde siglo XIX, contextualizándose por tanto en la etapa de la segunda Revolución Industrial a nivel europeo.
A partir de 1870, las
innovaciones técnicas sufren un cambio estructural que afecta a todos los
ámbitos. Por un lado, los cambios mercantiles experimentaron modificaciones
tanto en su tamaño como en la estructura. Paralelamente, la transición creada
por la relación de transformaciones socioeconómicas derivarán en una primera
globalización de las comunicaciones. Por consiguiente, asistimos a un punto de
inflexión en la historia del cine: ya que en la lanzadera hacia el éxito de
masas.
Por tanto, fueron unas
causas tanto técnicas como sociales las que dieron paso a la cinematografía:
•
Nuevas fuentes de energía mineral y paso de la
electricidad a usos industriales.
•
La erradicación de las epidemias y
la creación de la medicina, así como la consolidación de las ciudades, llevaron
a un “recién nacido” y creciente público de masas a disfrutar de las producciones
fílmicas.
•
Otro de
los factores que llevó a la Segunda Revolución Industrial a su auge mundial
fueron, sin duda alguna, la invención de nuevos métodos de transportes (barco
de vapor, ferrocarril) y de comunicaciones (telégrafo, telegrafía sin hilos,
cable submarino, etc.).
Las
comunicaciones fueron como un “imperialismo sano” de brusca rápidez y amplitud
de los países más occidentalizados llegando a la globalización efectiva, de la
que el cine se benefició avanzando puestos en carrera.
La denominación “Cinematografía” es un
neologismo que desde el siglo XIX viene haciendo referencia a la “cinética de
la imagen”. Por tanto, tras los rompedores avances de la fotografía (más
instantánea y nítida) se creó una manera que secuenciaba los fotogramas hasta
la creación de una aparente imagen en movimiento.
Se ponen comienzos a este séptimo arte a
finales de 1895 tras la primera proyección comercial de una película. Los
hermanos Lumière, quienes anteriormente habían creado el cinematógrafo en
febrero de ese mismo año, llevaron al público dicha obra titulada: La
Sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir. Los
transgresores filmes de los hermanos más importantes de toda la historia
cinéfila llevaron en cierto modo, a expasiones cinematográficas que
introdujeron en el mundillo del cine a los más interesados.
Apabullado
salió el público, tan descoloridos como la pantalla en blanco y negro tras la
proyección de una Lumière expuesta en el siguiente vídeo. A pesar de ser una
nubosa y triste imagen en los tiempos
contemporáneos de ahora (aunque un gran avance en el recorrido de los
largometrajes), a finales del XIX era una muy realista aunque desteñida
experiencia:
La cultura esterotipo de mantillo y toros española también llego hasta estos hermanos franceses, creando en ellos gran sensación hasta llegar a la filmación de algunas de nuestras habituales fiestas del sur peninsular.
Tras haber tenido los pies en el suelo, con la
incertidumbre de un nuevo arte cuyo desconocimiento nos llevaría a la
fascinación instantánea en cada película, nos disponemos ahora a viajar a otros
planetas, a elevarnos del suelo y a disfrutar de la nueva ciencia ficción
creada por George Méliès.
George Méliès fue un ilusionista y cineasta
francés famoso por sus proyectos narrativos pero prioritariamente por la
técnica utilizada en cada uno de ellos. Ya en los comienzos de la cinematografía
pegó un atlético salto que dejó atrás a los mediocres filmadores que no
supieron utilizar los efectos especiales. A finales del siglo XIX, por un error
de cámara sucedió el primer stop trick (un movimiento de objetos a cámara
apagada tras haber sido grabado en otro lugar anteriormente). Como
consecuencia, Méliès se convirtió en “el mago del cine” ya que manipulaba la
realidad a través de la manipulación de fotogramas (coloreados y tratados) u
otras traslaciones de cámara.
Julio
Verne inspiró el surrealismo de mucho de sus cortometrajes gracias a las
siguiente aportaciones del nigromante cineasta:
- El truco de sustitución o Stop trick (literalmente «truco de
parar»): en una grabación se atascó estúpidamente la cámara, al mover la
manivela descubrió con asombro cómo los automóviles que circulaban por la plaza
se habían transformado en coches fúnebres, y los hombres en una procesión de
mujeres.
- Slow-motion: Méliès (ayudado por los
conocimientos de su compañero de la compañía Edison; Alfred Clark) advirtió
que, deteniendo el movimiento de la manivela de la cámara, y después volviendo
a rodar, podían lograrse todo tipo de efectos de desaparición y transformación.
- Sobreimpresión de los
fotogramas para una doble visión de los hechos y pintadas sobre alguno de
ellos.
«Empleando mis
conocimientos especiales de ilusionismo reunidos a lo largo de 25 años de
práctica en el teatro Robert-Houdini, fui introduciendo en el cinematógrafo
trucos de tramoya, de mecánica, de óptica, de prestidigitación», escribió Méliès
y comprobamos, en el siguiente vídeo de su prestigiosa película Viaje a la
Luna:
Si hiciésemos un repaso rápido del recorrido
cineasta, podríamos hablar del cine silente, un mundo en blanco y negro sin
voces sincronizadas con un claro y transitorio trono para un logrado rey:
Charles Chaplin. Estas monocrómicas imágenes de 20 fotogramas por segundo
(frente a los 24 actuales) sí contaban en cambio con musicólogos que ponían al
menos el sentimiento musical para aquellos oyentes que creían las películas
menos vívidas por aquella penitencia vocal. Era el cine mudo; aparentemente
arcaico pero realmente innovador y revolucionario con contenidos críticos a la
sociedad de cada esquina grabada.
Contemporáneos son los
colores tanto visuales como vocales, que llegan durante la década de los 20 a
los cines como guarnición formidable para las ya creadas imágenes en
movimiento. Y, por penumbra para la cultura cinéfila, también llega con ellos
una Gran Depresión fílmica (pues así lo derivaron los países de la Primera
Guerra Mundial en esta etapa de transición post-guerra), que hizo nacer a
grande corporaciones para evitar el estancamiento.
Vitaphone, que trabajaba
con gramófonos y tocadiscos, y quizás no pensó en ponerlos debajo de la ropa o
en pequeños escondrijos cerca de los personajes cinematográficos, pero, ¿y los
micrófonos? Técnica aún vigente e invención primordial para un cine renovado,
la empresa de sonido decidió crear unos micrófonos con condensador que
permitirían lanzar en el año 1927 la primera película sonora; El cantante de
Jazz. Las chinchineantes voces entre bastidores quizás se quejaron las
primeras veces, pero la Warner no tenía optativa si quería salir a flote, y
antes de lo que pensaban se convirtió en un elemento esencial en Warner Bros
(con Looney Tunes) y en Walt Disney (Mickey Mouse y similares).
Ya satisfechas las orejas, Technicolor emergió
para dar pinceladas coloridas a nuestras películas. Como no, los de Hollywood
no podían estarse quietos, y entre 1922 y 1952 desarrollaron un sistema de introducción
de color, que a pesar de su sutil saturación (en términos fotográficos) resultó
una satisfacción momentánea del público de masas. Su trabajo por supuesto fue
entre reinas, Marilyn Monroe y el pato Donald, este último no tan reina pero
igual partícipe. Filmaciones como Robin Hood o Cantando Bajo la
Lluvia (comentada en otro apartado en inglés, para nuestros amigos lectores
bilingües), y animaciones como Blancanieves y los Siete Enanitos fueron
realizadas entre las cuatro paredes de aquellos estudios llenos de policromía.
España y el cine eran
bastante amigas e iban prácticamente cogidas de la mano, pero los países no estaban
muy amigados y esto trajo consigo conflictos políticos, misiles apuntados,
jefes de naciones enfurruñados y decadencias coyunturales a nivel mundial. Por
lo que, y ahora hablando en un tono más político, la real esencia del cine no
se encuentra solo en el arte por el arte, porque cada película es una historia,
y cada historia junto a otra es la explicación de una visión social del
problema. Historias de guerra, penumbras implícitas, censuras y euforia. El
fascismo entró cortando besos, cigarros y quejas, y cuando cayó cayeron con él
miles de faldas que habían estado agarradas por unas manos que se soltaron para
saludar y dar la bienvenida a la expresión nuevamente libre.
Nosotros somos fotogramas
imperceptibles de una sociedad cinéfila, por lo que a partir de esta lectura
general ampliaremos vuestros conocimientos hacia una necesaria relación entre
España, y el cine.
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